LA VIDA Y LA MUERTE.

Por: Eliana Bermúdez Cardona –Psicóloga- Miembro del grupo de Biotanatología- Pereira.
De acuerdo con Sigmund Freud, el ser humano se halla debatiéndose entre dos fuertes instintos, EROS el de la vida y Tánatos el de muerte, que avecina a las personas a su inevitable extinción. De hecho, estamos siempre buscando las formas de evitar esta realidad, dándole a la vida una forma casi idealizada. A medida que ésta pasa, el ser humano busca afanosamente cómo dejar huella, en otras palabras, cómo ser de alguna manera inmortal, esto no se circunscribe a una delimitada población talvez más afortunada por su educación tan calificada (escritores, inventores, científicos, investigadores, entre otros), es algo que acompaña de manera universal hasta al ser más sencillo. De alguna manera el hombre se sitúa ante la muerte de forma perpleja, no logra o más bien no desea entender la impostergable finitud de su existencia. Es el único viviente que tiene conciencia de su muerte futura y esto afecta y transforma su vida. Jamás el hombre ha aceptado globalmente como individuo o como grupo, que la muerte sea algo natural y lógico. En medio de sus ritos religiosos busca un sentido a la turbadora e inaceptable evidencia de la muerte.
La reflexión sobre la vida y la muerte suele ser algo que nuestra sociedad tiene olvidado por completo. Ante dos asuntos tan importantes y complejos, sus integrantes suelen guardar un cierto matiz de indiferencia disfrazado de productividad, competitividad y confort. Sólo cuando alguno de estos propósitos no se alcanzan y el ser humano sufre la adversidad, se sume en una profunda meditación que pueda darle sentido o más bien resignificar su existencia.
Es necesario que nos detengamos a recopilar muchas de las definiciones que podemos encontrar acerca de la muerte.
Desde la antigüedad la muerte ha sido una pregunta vital, Sócrates por ejemplo, afirmaba que aquellos que filosofan en el recto sentido de la palabra, se ejercitan en morir, son los hombres a los que resulta menos temeroso estar muertos. Epicuro decía que cuando la muerte viene somos nosotros los que dejamos de existir.
En general en la filosofía griega, la muerte no es más que la liberación lograda por el espíritu de los vínculos limitados de la materia. En la muerte el hombre no pierde nada, no tiene rupturas, sino que recupera su ser puro, libre de la contaminación del espacio y del tiempo.
Con la influencia del Cristianismo la muerte cambia de visión, se concibe como la separación cuerpo – mente. Así es destrucción del hombre real y es auténtico desgarre de la persona. Se arrebata al hombre lo que más ama: la vida y el ser.
Simeon, habla del nacimiento como el paso lógico del acto ala conciencia y al tiempo, mientras que la muerte es el paso del tiempo y de la conciencia al acto. Ambos son dos maneras de pensar no de ser.
Bon sugiere que la muerte es la separación del alma y del cuerpo.
En el Marxismo, la muerte coincide con la detención de la actividad vital del organismo, con la destrucción del individuo como sistema viviente y autónomo.
Hacia el siglo XIX morir es para el hombre un puro acto biológico. El temor a la muerte es gratuito, pues ella es un ser fantasmagórico que sólo se es cuando no se es y no es cuando se es.
Max Scheler comenta que no se quiere saber acerca de la propia inmortalidad, porque no se desea saber de la propia muerte. La gente no quiere enfrentarse con su muerte, el tener ha reprimido la conciencia de la misma.
Ruiz de la Peña, afirma que la muerte es necesaria por vía de hecho y parece imposible por vía de la razón pues conduce a lo absurdo.
Thomas Louis-Vincent la plantea como un hecho real llamada por muchos gran segadora, defunción, fallecimiento, deceso, óbito, evento que afecta a todo el que tiene una dimensión temporal. Por otra parte afirma que el acto de morir concierne al sobreviviente, quien muere se lleva afectos del otro, deja sabiduría.
Issa Fonnegra de Jaramillo, comenta que en nuestra cultura, la gente prefiere no hablar de la muerte, de forma tácita la ha aceptado como parte de la vida, sin embargo con ella convivimos de manera permanente, vemos televisión, vamos a cine y la encontramos en la pantalla y qué decir cuando siempre la tenemos en la cotidianidad. Es tan fría la visión que se termina haciendo una resignación hacia la posibilidad que un día puede entrar por nuestra puerta cualquier factor que nos arrebate la vida e incluso la cuota de violencia que nos corresponde en un país con tantas dificultades. El acto de morir seguirá siendo un misterio, para algunos significa terminarlo todo, para otros es una forma de iniciar un nuevo trayecto.
Por otra parte Elizabeth Kübler-Ross (1997) afirma que la muerte es sólo un paso hacia la forma de vida en otra frecuencia. Se trata del abandono del cuerpo físico, un paso a un nuevo estado de conciencia en el que se obtiene paz y calma.
Considera que tal parece que no existe nada que nos enseñe a afrontar la experiencia devastadora de la muerte, a la gente no le gusta hablar de ella, sólo la mencionan cuando ya no hay remedio, cuando no se puede evitar. La muerte es una realidad, lo único en lo que todos somos iguales. Enfrentar la muerte contribuye a reducir los temores asociados a las cavilaciones acerca de la mortalidad propia, permite asumir la vida desde el punto de vista más positivo posible.
La misma médica concibe la muerte como una de las más grandiosas experiencias de la vida. Si se vive bien cada día, entonces no hay nada que temer. Talvez el principal obstáculo que nos impide comprender la muerte es que nuestro inconsciente es incapaz de aceptar que nuestra existencia deba terminar. Si no se tiene una buena vida, incluso en los momentos finales, entonces no se puede tener una buena muerte. Es curioso como para los médicos, la muerte significa un fracaso, una vieja conocida que cada vez es más desconocida. Según ella mientras vivamos, la única finalidad en la vida es crecer espiritualmente, la última lección es aprender a amar y a ser amados incondicionalmente.
Anthony de Mello, habla de la muerte no como una tragedia, sino como algo maravilloso, horrible sólo para aquellos que no comprendieron la vida. Sostiene que cuando se le tiene miedo a la muerte, se le tiene miedo a la vida. Afirma entonces que el ser humano está en una trampa en la que no logra renunciar al pasado, si la persona muere al pasado, cada minuto, sería alguien cada vez más vivo o plenamente vivo. Debe comprender que siempre se anda muriendo a algo.
Como lo plantean Ramos y Sánchez (1986) muchos hombres no han dejado de reflexionar sobre la muerte, sus causas, origen, significación, modalidades y consecuencias. Es un tema profundamente humano, es el rasgo más cultural del hombre pues significa una ruptura absoluta entre su mundo y el del animal.
La muerte entonces, es lo opuesto a la vida como lo retoma de Sartre, una cancelación de lo que se puede ser, lo cual está fuera de las propias posibilidades.
Por la negación que acompaña al hombre, procura hablar poco de la muerte, la percibe como el obstáculo supremo, la negadora de todos los esfuerzos. Aún sigue siendo un tabú ante el cual el hombre experimenta un sentimiento inevitable y difícil de calificar: pudor, miedo, angustia, curiosidad, desolación, serenidad, esperanza.
A la muerte se le ha dado diversos enfoques, biológico, psicológico, filosófico, etnológico, y hasta antropológico.
De igual manera, el Doctor Hugo Dopaso (1994) considera que la muerte es una puerta, sin duda la crisis más dura por la que pueda pasar una persona. Las muertes cambian el libreto de la vida sin previo aviso.
De manera interesante Pepe Rodríguez en su Libro “Morir es Nada” (2003) plantea que nada es tan democrático como la muerte. Parece ser que morirse antes de tiempo se relaciona con el fracaso definitivo. Considera que la muerte deambula por todas partes, el sentido de la muerte se ve afectado por los medios de comunicación, los propios dibujos animados (infantiles). Curiosamente con el paso del tiempo la muerte se ha transformado en algo banal, vacío y de un significado psicosocial cargado de violencia inusitada, cada vez más ajena a uno mismo. Los medios de comunicación ofrecen un sentido patético respecto a la muerte, favorecen la adquisición de un significado profundamente deformado y pobre del hecho de morir, conducen a una actitud de indiferencia y frialdad ante la vida, incrementa la incomunicación, el fracaso, la violencia, el vandalismo juvenil, las agresiones, apatía y conductas adictivas, todas, cargadas de una u otra forma de muerte.
En las sociedades industrializadas se rechazan radicalmente los hechos de morir y envejecer, se conceptualiza la muerte como algo disonante, incoherente, absurdo, como un error inadmisible, fuera de lugar que debe remediarse prontamente.
Vida y muerte son dos caras inseparables de la misma moneda. No se está acostumbrado a ver el deterioro lentamente, la extinción, aparece como algo antinatural. Este mundo artificial evita que se acepte el declive y la extinción. Por otro lado, parece ser que el enfermo y el muerto son un estorbo, personajes que llevan consigo el fracaso y un cúmulo de trámites legales bastante dispendioso.
Según este autor, la muerte es consecuencia de nuestra propia fragilidad, de la incapacidad para reaccionar desde las creencias médicas, se cree que se muere por poca tecnología biomédica. Cada vez que una persona se sitúa ante la realidad del envejecimiento o de una enfermedad terminal conlleva a comienza a caminar hacia la marginación social, hacia dejar de ser, de estar o de significar.
Como lo dice el autor, resulta ser una necesidad acuciante vivir y percibir de otra manera para poder afrontar el hecho de la muerte con serenidad y dignidad en medio de una sociedad que le teme, le distorsiona y le niega.
Luego de hacer reconocimiento de muchas de las maneras de concebir la muerte a partir del pensamiento de médicos, filósofos, es importante contextualizar el sentido que representa la muerte en nuestra cultura, de esta forma, se puede decir que el hombre occidental está negado a la muerte, simplemente afirma que muere, pero no lo significa como un ser mortal. Tiene una tendencia a idealizar la juventud como un bien supremo y olvida que la muerte tiene una relación directa con la vida, hay real continuidad entre el estilo de vida y la actitud ante la muerte, de tal manera que es imperante que se piense en ella. La muerte a nivel occidental es vivida por un pequeño grupo de personas: los hospitalizados, quienes están conectados a aparatos, pero las personas que se hallan en buenas condiciones buscan más bien ocuparse de otras reflexiones.
Se han encerrado muchos saberes y conocimientos alrededor de la TANATOLOGÍA o ciencia de la muerte y manifestaciones del morir, tratada inicialmente por el Ruso Elie Metchnikoff en 1901 (siglo XX). Esta palabra viene de Thanatos, dios griego de la muerte, hijo de la noche y de hipnos.
Antiguamente se dedicaba a los cadáveres (hace 30 años aproximadamente) la nueva Tanatología ve más allá de “curar” tiende más a cuidar, se trata de disminuir el sufrimiento y mejorar la calidad de vida, ayudar a preparar para la muerte, aprender de esta experiencia trascendente y reconciliarse con la vida.
El cuidado es dirigido también a la familia, sus duelos, la reestructuración que sufre ante la pérdida. Requiere encuentros interdisciplinarios, médicos, enfermeros, psicólogos, asistencia social, asesoría espiritual y ética. A nivel emocional, pretende aportar compañía, cercanía en las relaciones, productividad en el paciente, poner en orden su vida (cosas, pertenencias, expresión de sentimientos, guiar hacia la esperanza), apoyar frente ala presentación de ansiedad. A nivel espiritual, trabaja sobre el sentido de la vida, la muerte, la enfermedad, el dolor, alienta hacia la espiritualidad, procura la asistencia religiosa.
La tanatología al ocuparse del estudio de la muerte, debe generar procesos de corte interdisciplinario, tomando el punto de vista de disciplinas o ciencias como:
La Biología: Se relaciona la materia muerta (difunto) con el afecto. Se maneja el concepto de cadáver, la materia muerta con algo que no represente apego.
La mitología: Dios la muerte y del sueño, tánatos e hipnos. La muerte es un sueño eterno.
La sociología: las diferencias culturales frente a la muerte. Cada cultura busca la forma ideal de morir: rápida, instantánea, sin sufrimiento, tener conciencia lúcida y sentir la llegada de la muerte.
La Filosofía: Según el existencialismo la vida sólo tiene sentido a causa de su mortalidad. La existencia auténtica es aquella que tiene como una vivencia anticipada de la muerte, de forma reflexiva.
La Teología: Todas las religiones buscan respuesta a qué es la muerte y cuál es su sentido. Casi todas apuntan al paso a un mundo superior, permanente y temporal donde nos purificamos.
Anteriormente se registraron planteamientos acerca de la muerte. Ahora es necesario considerar qué tipos de muerte pueden acompañar a los seres humanos:
Muerte Clínica Se entiende como la ausencia de actividad cerebral en el ser humano, o la desaparición de la aptitud para la vida: reflejos, conciencia, actividad cardiaca, respiratoria.
Biológica Se evidencian signos puntuales como: enfriamiento del cuerpo, rigidez, lividez, putrefacción, mineralización. Estado cadavérico.
Psíquica Se presenta cuando la persona sufre de trastornos mentales que lo desconectan de la realidad.
Social Se da por reclusión, jubilación, estar internado en un asilo, o la que sufre el ser humano que deambula en la calle víctima de sus conductas adictivas.
Espiritual Cuando el alma del ser humano está en pecado o se halla en un estado vegetativo permanente.
Jurídica Cuando por condiciones limitantes a nivel del juicio y del pensamiento, el ser humano no se considera habilitado para transacciones bancarias, procesos de tipo civil, entre otros.
“Amar la vida y no amar la muerte significa no amar realmente la vida.”


